Yendo al oftalmólogo luego de 7 años
Hace 10 años mi familia me llevó al oftalmólogo, justo antes de que empiece el año escolar; más que todo era para ver que tal estaban mis ojos (porque en mi familia hay varios con miopía).
Yo siempre había considerado que veía lo suficientemente bien como para no tener que usar lentes seguido; mi primer par de lentes lo tuve a los 7 años, pero a pesar de esto, las veces que no estaba sentado atrás en el salón de clase, ni los usaba.
No ayudó el hecho de que la montura que elegí a los 7 años me dejara de gustar unos meses después; y mucho menos ayudó que los lentes se me hayan caído tantas veces que hayan terminado permanentemente torcidos, incluso, cuando me los ponía.
El punto es que, a pesar de tenerlos, no los usaba; desde los 7 a los 11 años solamente usaba mis lentes si sabía que iba a tener que ver algo bien lejos (spoiler: tengo miopía).
Un día del 2016 voy al oftalmólogo junto a mis papás. Había demasiadas monturas por escoger, de diversas formas y colores; en mi mente pensaba que solamente me iban a cambiar de lentes y ya. Según yo, iban a estar guardados en su estuche hasta que los necesite realmente.
Pues sucede que, luego de enfocarme en el globo aerostático, leer unas letras y decir con qué lente veo mejor, el médico me dice: "Tienes que usar lentes en todo momento".
Yo estaba sorprendido, porque por cuatro años yo estaba normal sin lentes (según yo); pero bueno, mi medida había incrementado, así que no me quedó de otra que empezar a acostumbrarme a usar lentes.
Como quería evitar que se doblaran como mi par anterior, decidí escoger una montura gruesa y más grande; era de color azul, así que podía combinar bien con la ropa que usaba; y además, se veían bien. =)
Desde ese día siempre traigo lentes puestos (porque lo recomendó el oftalmólogo), a pesar de que sí puedo ver "bien" sin ellos.
Mis lentes permanecieron en buena condición por dos años, hasta que cometí un gran error: los usé en clase de Educación Física. Justo cuando estaba listo para salir corriendo lo más rápido posible para ganar una carrera, mi sudor hizo que se resbalaran mis lentes y en el primer paso los termine rompiendo con mi zapatilla.
Estuve triste la verdad, ya me había encariñado con ellos. Recuerdo que, saliendo ese día, con mi papá fuimos al centro de la ciudad para buscar que podíamos hacer. Por suerte encontramos el puesto de un señor que los reparaba rápido y barato.
Desde ese día, empecé a tener más cuidado con mis lentes.
Mis lentes azules duraron hasta el 2019, momento en el que mis papás pensaron que ya era tiempo de un cambio. Decidí esta vez escoger unos lentes con forma similar, pero con un color más neutral (rojo oscuro), para que pueda combinarlo aún más con mi ropa y que no desentone jsjsjs.
Y a pesar de que se me han caído varias veces. Mis lentes siguieron y siguen bien.
Es más, no los había cambiado, por siete años.
Y eso es bastante tiempo para tener los mismos lentes.
Mi familia me empezó a insistir (desde que mis lentes cumplieron 3 años) a que vaya a revisarme la medida una vez más; capaz ya era hora de hacer un cambio.
Pero yo sentía que veía bien (suena familiar, ¿no?).
Sí iba al oftalmólogo, solo para consultas específicas o chequeos médicos; no iba para que vean mi medida o con la intención de cambiar de lentes.
Así que todo siguió igual por varios años...
Hasta que, hace un mes, decidí ir a que me midan la vista.
Me fui esperando lo más obvio: mi medida de seguro cambió y por lo tanto, probablemente tendré que cambiar de lentes (solo de los vidrios, porque ya me había mentalizado para mantener mi misma montura).
Llegué a la clínica y no tuve que esperar mucho; luego de unos 5 minutos de haberme registrado me llamaron para que me puedan examinar los ojos. Volví a ver la imagen de la casa en medio de una pradera (prefiero esta a la del globo), y luego de preguntarme sobre mis antecedentes de salud, pasé a ver al oftalmólogo.
Estaba nervioso, más de lo que debería estar; no sabía como explicarle al médico cómo es que pasé siete años sin cambiar de lentes. Pero para mi sorpresa, el doctor no me habló de eso. Solamente me fue explicando para que era cada uno de los exámenes que hacía.
Eventualmente, llegó la parte donde debía leer las letras en la pantalla; lo hice dudando, pero por alguna razón, sentí que lo estaba haciendo bien. Luego de eso, tocó probarme lentes y decir con cuál observaba mejor; no noté mucha diferencia entre las opciones que el oftalmólogo me decía, y eso me pareció raro.
Y finalmente, llegó el momento más esperado para mí; ver cuánto fue que subió mi medida. El doctor se dirigió a mí y me dijo:
Sebastián, tu medida no ha cambiado.
Le pregunté de nuevo si de verdad no había variado ni un poquito (solo para estar seguros), y me lo volvió a afirmar.
Pero, sí me explicó el porqué yo sentía que no veía tan bien como antes: por usar muy cerca el celular, mis ojos se están esforzando para ver a largas distancias, a pesar de que mi medida no haya cambiado. El doctor me dijo que no debía usar el celular en la cama ni tenerlo tan cerca a la cara (consejos que suenan obvios, pero a las finales la gran mayoría no recuerda, así que estoy feliz que me haya dicho eso).
Me alegré, porque aún podía usar mis lentes de siempre y mi vista estaba igual.
Pensé que el doctor había terminado para ese entonces, pero vuelve a hablar...
Pero... ¿de casualidad tienes mascotas en tu casa?
Pensé que el doctor solo quería hacerme la conversación mientras me contaba más resultados, así que le dije:
Bueno, yo tengo un ratón; pero mi hermana tiene una tarántula y un gecko también. Pero yo solo cuido a mi ratón. :)
El doctor y la oftalmóloga que lo estaba ayudando se miraron. Y me comentaron que de tantos años trabajando, nunca un paciente les había dicho que tenían una tarántula.
Pero, o sea, no es mía, jajaja, es de mi hermana.
Me miraron con sorpresa, y el doctor me siguió comentando.
Tienes el ojo un poco irritado, ¿eres alérgico a algo?
No, a nada.
Y bueno, esta conversación llevó a que me terminaran recetando gotas para evitar la irritación en los ojos. Al inicio no sabía como aplicarlas y que logren caer en mi ojo; pero con los días le fui agarrando la práctica.
Fue un buen día, el médico me explicó lo que tenía que saber, tuvimos una corta conversación sobre hábitos de celular y computadora, y me fui sabiendo que mi medida seguía igual (y bueno, también me fui con gotas para los ojos).
Supongo que la lección de todo esto es...
ver cuando ir a una cita con el oftalmólogo.
Nunca sabes si es que necesitarás gotas o un cambio de lentes.
Capaz es un buen tiempo para que vayas al oftalmólogo. Por favor, no esperes tanto tiempo para revisar si tu medida ha cambiado. 😬